La migración a una fuerza de trabajo remota se aceleró el año pasado, cuando empresas de todo el mundo pidieron a sus empleados que hicieran desde casa lo que solían hacer en la oficina. Para algunas empresas, esto supuso una ampliación de las actividades de trabajo a distancia existentes, mientras que para otras fue un shock repentino.
Pero después de un año de asistir a reuniones de negocios en pijama y de desplazamientos de cero minutos, muchos empleados están deseosos de mantener sus actuales acuerdos de trabajo desde casa, al menos parte del tiempo, incluso después de que la pandemia esté bajo control. Al mismo tiempo, las empresas se están dando cuenta de que pueden ahorrar dinero reduciendo sus oficinas o eliminándolas por completo, al tiempo que aprovechan una reserva de talento mucho más amplia.
A medida que las empresas se adaptan a una nueva normalidad en la que el teletrabajo forma parte habitual de la vida cotidiana, se enfrentan a una serie de retos adicionales en materia de seguridad. El aumento del número de empleados que trabajan a distancia supone más oportunidades para que los ciberdelincuentes vulneren las defensas más débiles de una red distribuida compuesta por dispositivos personales, ordenadores portátiles de la empresa, Wi-Fi no seguras y un número exponencialmente mayor de conexiones remotas a sus servidores y aplicaciones.
Los MSP desempeñan un papel único en este nuevo ecosistema de TI. Por un lado, tienen clientes que se esfuerzan por adaptarse al mundo del teletrabajo, sin saber muy bien cómo gestionar esta dispersión de empleados y dispositivos. Al mismo tiempo, los MSP están en alerta máxima ante posibles brechas de seguridad en los sistemas que gestionan, deseosos de evitar ataques devastadores, robos de datos e interrupciones del servicio.
Estas son las tres prioridades en las que los MSP deben centrarse para proteger a los empleados que teletrabajan de sus clientes:
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